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4 mar 2026

El erotismo y el amor en la literatura medieval

El erotismo y el amor en la literatura medieval: ¿realmente no sabían de lo que hablaban?

Cuando pensamos en la Edad Media, a menudo imaginamos un mundo de castillos, caballeros y monjes copiando manuscritos en silencio. Sin embargo, la literatura de esta época está llena de sorpresas: desde poemas eróticos hasta descripciones místicas que rozan lo sensual, pasando por cuentos que no dudan en hablar de sexo con humor y crudeza. ¿Realmente los medievales no sabían de lo que hablaban? Al contrario: su literatura demuestra que entendían el deseo, el amor y la pasión con una profundidad y una libertad que, en muchos casos, supera los tabúes de épocas posteriores.

Monje escribiendo poesía erótica en un manuscrito medieval

El erotismo sin tapujos: Carmina Burana y los goliardos

Los Carmina Burana, escritos por clérigos vagabundos conocidos como goliardos, son un ejemplo perfecto de cómo la literatura medieval podía ser transgresora. En estos poemas, el amor carnal se celebra con un lenguaje directo y a menudo irreverente. Por ejemplo, en el famoso "In taberna quando sumus", se canta al vino, al juego y al placer sin preocupaciones morales:

"In taberna quando sumus, non curamus quid sit humus, sed ad ludum properamus, cui semper insudamus."
("Cuando estamos en la taberna, no nos importa qué sea el mundo, sino que nos apresuramos al juego, al que siempre nos dedicamos.")

Aquí, el "juego" no solo se refiere a los dados, sino también al amor físico. Los goliardos, aunque eran clérigos, no dudaban en criticar la hipocresía de la Iglesia y en cantar a los placeres terrenales con una libertad que sorprende hoy en día.

Boccaccio y Chaucer: el erotismo como espejo de la sociedad

Giovanni Boccaccio, en su Decamerón, y Geoffrey Chaucer, en sus Cuentos de Canterbury, llevaron el erotismo a la narrativa. Boccaccio, en particular, rompió con la tradición del amor cortés idealizado y mostró a mujeres y hombres disfrutando del sexo sin culpa. En uno de sus cuentos más famosos, se describe cómo:

"Y así, sin más demora, se tendieron en la cama y, abrazados, comenzaron a gozar de sus amores con tanto ardor que parecía que el mundo entero se consumía en sus abrazos."

Chaucer, por su parte, no se quedó atrás. En el Cuento del Molinero, describe escenas tan explícitas que aún hoy pueden hacer sonrojar a más de uno:

"Y él, con su miembro turgente como un palo, se acercó a ella y la tomó con fuerza, y ella, sin resistencia, lo recibió con gusto."

Ambos autores demostraron que el erotismo no era solo un tema marginal, sino una parte esencial de la vida cotidiana, incluso (o especialmente) en una época marcada por la religión y la moralidad.

El Arcipreste de Hita: entre el amor y la moral

El Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita, es una obra única que mezcla consejos morales con relatos eróticos. El autor, un clérigo, justifica su obra diciendo que, aunque el pecado es humano, él solo enseña "algunas maneras" para el amor. Una de las frases más sugerentes es:

"Otorgóle Doña Endrina de ir con ella folgar, / a tomar de la su fruta e a la pella jugar."

Aquí, "jugar a la pella" es una metáfora clara del acto sexual, y el Arcipreste no duda en usar el humor y el doble sentido para hablar de sus aventuras amorosas. Lo fascinante es que, a pesar de su tono a veces picaresco, la obra también incluye enseñanzas religiosas, mostrando la dualidad de la época.

El misticismo erótico: Santa Teresa y San Juan de la Cruz

Visión mística de Santa Teresa de Jesús, inspirada en el Éxtasis de Bernini

Si el erotismo medieval nos sorprende, el misticismo erótico de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz es aún más fascinante. Ambos usaron un lenguaje cargado de pasión y deseo para describir su unión con lo divino. Santa Teresa, en su Libro de la Vida, escribe sobre su experiencia mística con palabras que evocan un éxtasis físico:

"El dolor era tan grande que me hacía dar aquellos quejidos; y sin embargo, la suavidad y el deleite que este grandísimo dolor me causaba eran tan excesivos que no hay deseo de que se quite."

San Juan de la Cruz, por su parte, usa metáforas nupciales y de deseo en su Cántico espiritual:

"En la interior bodega de mi Amado bebí, y cuando salía por toda esta vega, ya no sabía nada, y el ganado perdí que antes seguía."

Estas descripciones, tan sensuales que inspiraron esculturas como el Éxtasis de Santa Teresa de Bernini, muestran cómo el lenguaje del amor humano se usaba para expresar lo inefable: la unión del alma con Dios.

¿Realmente no sabían de lo que hablaban?

La literatura medieval demuestra que, lejos de ser una época de ignorancia, los autores entendían perfectamente el deseo, el placer y la complejidad del amor. Lo que cambia es el contexto: en una sociedad donde la Iglesia dominaba la vida pública, el erotismo y el misticismo a menudo se entrelazaban, y el lenguaje se volvía más simbólico. Pero las metáforas, los dobles sentidos y las descripciones audaces están ahí, esperando a ser descubiertas.

Hoy, cuando leemos estas obras, nos damos cuenta de que los medievales no solo "sabían" de lo que hablaban, sino que lo hacían con una riqueza y una audacia que siguen resonando siglos después. Su literatura nos invita a replantearnos nuestros prejuicios sobre el pasado y a celebrar la diversidad de la experiencia humana, en todas sus formas.

Para seguir explorando

Si te ha interesado este artículo, te recomendamos leer:

  • Carmina Burana (edición bilingüe).
  • El Decamerón, de Giovanni Boccaccio.
  • Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita.
  • Las Moradas, de Santa Teresa de Jesús.
  • Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz.

¿Qué obra medieval te ha sorprendido más? ¡Déjanos tus comentarios en el blog del club de lectura!

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